LA RECONCILIACION |
EL SACRAMENTO DE LA
PENITENCIA
EN EL MARCO DEL III MILENIO
" Redescubrimiento e intensa celebracióndel Sacramento de la Penitencia en su significado más profundo " TMA nº50
1. LA RECONCILIACION
Afrontar un tema como este, no deja de llenarnos de preocupación. Quisiera animaros a que en este año con paciencia y atención dedicarais la mejor creatividad, con solicitud pastoral para que sea "redescubierto" este sacramento. Hay una diversidad amplia y complementaria de elementos que pueden ser dispuestos y; por otra parte, hay una doctrina clara y precisa sobre los elementos primordiales para administrar este Sacramento. La TMA fija su atención en la realidad social y personal, pide ir a las fuentes que dinamizan la pastoral: el pecado histórico y la misericordia de Dios que alcanza el tiempo, nuestro espacio vital enmarcado en esta Diócesis, que según la sociología abarca la "gran corona" del Sur de Madrid.
Las reflexiones que propongo quieren viabilizar una reflexión, y nuestra responsabilidad pastoral y comunión con la Iglesia universal, para que ofrezcamos a los creyentes de nuestras localidades ámbitos y caminos de reconciliación; este esfuerzo sería poco serio si no fuese acompañado del compromiso personal del sacerdote, de la catequesis y de la experiencia continuada de celebraciones vivas y variadas, preparadas a partir de las posibilidades y pistas que ofrece el Ritual.
Una de las primeras tareas de la Iglesia consiste en anunciar la reconciliación; "¿qué tenemos que hacer, hermanos? Pedro les respondió: - Arrepentíos y bautizaos"(Hech. 2,37-38). "En nombre de Cristo os suplicamos que os dejéis reconciliar con Dios" (2Cor 5,20).
La Iglesia no puede descuidar el anuncio de la reconciliación: forma parte de la Evangelización. Toda comunidad cristiana local ha de promover ámbitos de conversión disponiendo aquellas ocasiones, lugares, itinerarios, espacios para sus gentes. Esta es una responsabilidad que recae directamente en el Obispo y en los presbíteros, "ministros de la reconciliación"
Sobre el tema de la Reconciliación todos conocemos la actual disciplina de la Iglesia al respecto; aunque sobre ello callamos o actuamos poco porque hay dificultades y discordancias. Después del Concilio Vat. II había algunos temas de los que se decía "cerrado por obras", entre ellos la disciplina del Sacramento de la Reconciliación, hasta que salieron las Normas Pastorales sobre la Absolución General de Pablo VI en 1972 (obligación absoluta, excepto en el caso de grave peligro en el bien pastoral, de una confesión, completa, de las culpas graves). Ya han pasado algunos años, la Reforma Litúrgica ha dado respuesta a practicamente la globalidad de los aspectos que le atañen. Hoy el Sacramento de la Reconciliación ha sido aclarado y acordado en su práctica y teología básica; sin embargo en muchos sitios aparece como "cerrada por no tener licencia de apertura de actividad"; parece que se ofrece por la puerta de atrás. ¿Cuál es el motivo? ...
Afrontar una pastoral en la que tenga cabida este sacramento nos deja algo descolocados a partir de la crisis del mismo, que ya empieza a durar diversas décadas por motivos externos e internos. Hace falta cierto coraje, desde la responsabilidad, para revitalizar este sacramento como encuentro con Dios.
2. ¿CUÁL ES LA PRACTICA PENITENCIAL EN NUESTRA IGLESIA?
Quisiera recordar algunos aspectos, en modo breve; aunque estas observaciones podrían adolecer de exactitud. Necesitarían de una mayor profundización y múltiples observaciones de campo.
2.1. GENTE QUE BUSCA AL SACERDOTE Y UNA COMUNIDAD. TERAPEUTICA
La primera afirmación que quisiera sugeriros es que nuestras parroquias no han dejado de ser lugares abiertos a la misericordia. Para entrar en la comunidad eclesial hay todo un camino de iniciación en el cual estamos comprometidos con notables esfuerzos.
Quisiera recordaros aquella segunda puerta de la misericordia que muchos hombres y mujeres de nuestra diócesis atraviesan; es según dicen los padres "un bautismo laborioso". Advertimos que, pese haberse difuminado el sentido del pecado, a nuestras comunidades llegan gentes sufrientes, deprimidas, sin un sentido claro del pecado pero atenazadas por una culpa oscura y difusa; buscan el calor de una comunidad o un grupo y una referencia de un contenido o código ético. Muchas veces los sacerdotes han de responder a situaciones algo extrañas para su ministerio; buscan "hablar con el sacerdote" no para pedir perdón por específicas rupturas, sino para ser acompañados ante la angustia y la inseguridad. En fondo piden ser reconocidos como personas en una comunidad de fe y ante un Dios misericordioso, piden que no se les infravalore pese a sus caídas o pobreza material, piden luz para guiarse por el difícil camino de la vida en nuestras ciudades; gentes cuya fe comienza a despertar. Hemos de hacer memoria que el Evangelio del Reino inició así, en la Galilea de los gentiles. Este aspecto es uno de los proemios a la Nueva Evangelización, en una sociedad paganizada que va detrás de ídolos efímeros los hombres y mujeres buscan el médico divino. Cf. Nums 1420 y ss. del Catecismo de la Iglesia Católica.
Si la celebración de los Sacramentos supone la fe, la Reconciliación puede ser aquella oportunidad para que muchos cristianos sociológicamente sean acompañados y vuelvan a la Iglesia que acoge y perdona. En esto es importante considerar la situación de las personas (destinatarios y circunstancias).
2.2. LA PRACTICA DE LA PENITENCIA, MINISTERIO DE LA IGLESIA.
La Reconciliación Comunitaria está extendida en forma general en nuestras parroquias, especialmente a lo largo del tiempo cuaresmal. Este es un signo positivo que une al tiempo litúrgico y subraya el pecado como ruptura comunitaria. El Concilio guió los criterios de la reforma litúrgica: dar mayor riqueza y claridad en el rito y en las fórmulas, incorporar el sacramento en su marco natural que es una celebración; se dio mayor espacio a los elementos comunitarios y participativos sin pretender absolutizarlos.
En un tiempo de urgencias como el actual el sacramento de la Penitencia ha sido desatendido. La praxis del Sacramento de la Reconciliación en nuestra Diócesis es débil, dispersa y a veces confusa; la frecuencia de las celebraciones es exigua, falta una pastoral organizada de la Penitencia. Se conoce superficialmente, se usa poco el ritual y los aspectos celebrativos, que son amplios. La Reconciliación de un solo penitente no se practica según el Ritual (modelo A); signo de que la reforma no se ha plasmado, esto es grave. Se dan prácticas divergentes respecto al sentir de la Iglesia universal. Se une abusivamente a la Eucaristía tanto la confesión de un solo penitente como la absolución colectiva. Faltan sedes de Reconciliación en muchas iglesias (en algunos casos no es posible). Se usa la fórmula C del ritual ilícitamente, se dan absoluciones generales arbitrariamente, sin causa grave; en estos casos se tiende pasivamente al juridicismo, a la magia, la conversión no viene asegurada; esto mismo fue atribuido a la confesión individual, los extremos se tocan. La historia de la absolución colectiva es reciente, en el Medievo se encuentran ciertos ritos con dudoso valor sacramental; aparece en el contexto de las guerras mundiales de inicio de siglo; y se aplica a los casos de inminente peligro de muerte, grave necesidad y escasez de confesores (CIC c. 961,2).
Hay sacerdotes que no confiesan, ni ofrecen ministerialmente tiempos demarcados para que se acerquen los penitentes. Algunos sacerdotes tienen ideas extrañas sobre este tema, anclados en el pasado; hace falta una renovación intelectual. Habría que decir que, por inercia, se han cristalizado experimentos de hace décadas y con el tiempo los resultados de los cambios experimentados no han llegado.
En realidad el pueblo de Dios no ha llegado a aclararse sobre los medios ordinarios de la Penitencia.
Se comienza a revalorizar el sacramento de la Penitencia en la práctica pastoral por parte de sacerdotes (jóvenes,...). Cada época tiende a confrontarse con la época anterior. Hay comunidades y sacerdotes que se extrañan ante este "retorno" o afianzamiento de la confesión individual. No debemos olvidar que ésta ha sido uno de los cauces de pastoral de las parroquias y de los religiosos que hoy son válidos para la Iglesia. Hoy, tiene un valor añadido para salir de la apatía espiritual y la crisis religiosa Cf. Reconciliatio et Paenitentia. Exhortación apostólica post-sinodal, 2 de diciembre de 1984 (=RP), 32. Cuando se quiere hacer de la Confesión individual una clave para la dirección espiritual hemos de aceptarlo como una posibilidad tendida y correcta, sin embargo hay que recordar dos aspectos: no abandonar la forma A del Ritual que incluye la Palabra de Dios y aquella moderación que ha de estar presente en el confesor para no volver a los mismos errores:
"Para un cumplimiento eficaz de tal ministerio, el confesor debe tener necesariamente cualidades humanas de prudencia, discreción, discernimiento, firmeza moderada por la mansedumbre y la bondad. El debe tener una preparación seria y cuidada, no fragmentaria sino integral y armónica" RP 29.
3. RENOVAR LA PASTORAL PENITENCIAL
"Por tanto hablar de pastoral de la penitencia y reconciliación quiere referirse al conjunto de las tareas que incumben a la Iglesia, a todos los niveles, para la promoción de ellas" RP 23.
3.1. A PARTIR DE LA FE
El modelo pastoral de la Iglesia en el próximo siglo va a ser el de la Iniciación Cristiana que ha de especificarse cada vez más según los sujetos a la que se dirige (pluralismo). Mucho habrá que acordar, estudiar y madurar en los consejos pastorales, en los arciprestazgos y en la organización de la Diócesis convocada a iniciar o reconducir a la fe.
3.2. EL MINISTERIO DE LA PENITENCIA
Dirigiéndome a sacerdotes, hemos de recordar que la misión reconciliadora de la Iglesia no acaba en meras afirmaciones teóricas que no estén acompañados de energías operativas, sino que tiende a expresarse en precisas funciones ministeriales en orden a una práctica concreta de la penitencia y la reconciliación a la que los cristianos tienen derecho, cf. RP 23.
Quisiera invitaros al sentido operativo, es decir a ejercer este sacramento en vuestra vida personal o espiritual, en la praxis pastoral, dedicándole el tiempo que necesita, más allá de lo estrictamente funcionarial, demarcando lugares para la acogida del fiel, o sencillamente del hombre o mujer que no soporta erigirse en un igual a Dios en su vida cotidiana.
Hemos de recordar que el premio a la inteligencia es la acción. Podríamos estar tentados de obviar en nuestro contexto la exigencia profunda que los hombres de nuestro tiempo y las sociedades tienen de Reconciliación, de liberación de la culpa y de la enfermedad asociada al pecado del hombre.
Cuando un sacerdote recibe del Obispo una porción de Iglesia, no la elige ni se la busca; de ella responde. Pongo un ejemplo, Juan XXIII en sus primeros sueños como papa, preocupado por algo se preguntaba: ¿cómo haré?, Se respondía: - Bueno, se lo diré al papa. ... Pero el papa soy yo, entonces me toca a mí. Esto significa responder de una porción de Iglesia. El sacerdote no sólo es el que está disponible, es el que, desde el ministerio, reúne y preside la comunidad.
El estilo pastoral ha de ser el del justo-medio; no puede consistir en la búsqueda de una originalidad propia, sino en la sintonía con la Iglesia particular de sus planes pastorales, responsabilizándose activamente en traducirlos en el tejido local.
4. ¿CÓMO ORGANIZAR LA PASTORALDEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA?
"Redescubrimiento". Ofrecer una catequesis explícita sobre la confesión individual, sus valores y las posibilidades que encierra el marco celebrativo del Ritual. Proponer una catequesis apropiada a los jóvenes. Valorizar el acto penitencial propio de la Eucaristía.
4.1. EL LUGAR DE LA PENITENCIA
- El lugar propio es el oratorio o la Iglesia. Haya un lugar patente para oír confesiones: sede (silla) con rejilla, que pueda utilizar libremente el fiel (discreción). El lugar sea acogedor, esté iluminado y limpio. Atención a los confesionarios barrocos.
- Se ha de distinguir de los lugares de consulta (acogida), de los despachos, tan necesarios para recibir y escuchar. No recibir habitualmente a quien pide confesarse en el despacho.
Cf. Grabado sXIV: una sede, la posición corporal de los personajes, la sede. Ed. Righetti.
4.2. ORGANIZAR TIEMPOS, LUGARES Y PERSONAS.
- Confeccionar un calendario que tenga en cuenta el tipo de comunidad, su ritmo, la intensidad de los momentos. Que haya más de una celebración tipo B a lo largo del año. Que en la Cuaresma se ofrezcan más posibilidades.
- Que los fieles conozcan los días y los horarios (calendario en el Arciprestazgo) de las confesiones. Todas las parroquias han de ofrecer un servicio regular, varias veces a la semana, para los fieles; están en su derecho; sin hacerlo coincidir con la celebración de la Eucaristía.
- Que haya un lugar de reconciliación en las ciudades o poblaciones grandes, cerca de los lugares más frecuentados (plaza-mercado), con horarios de mañana y tarde. Hablar de ello en el Arciprestazgo.
- Intercambio de los sacerdotes de las parroquias adyacentes para la forma B; potencia la fraternidad de los presbíteros.
- Valorar los santuarios y las peregrinaciones.
4.3 MEJORAR LA CELEBRACION
- El estilo celebrativo debe ser exigente, gozoso, personalizado y eclesial.
- El Ritual no resuelve la actual crisis pero da abundantes pautas para corregir las deficiencias y lograr unas celebraciones más auténticas; ofrece amplios aspectos complementarios y reequilibradores (la Palabra de Dios, lo comunitario) Es importante conocerlo, puede ser propuesto a los grupos litúrgicos y puede servir de base para una catequesis.
- Algunos elementos a valorar junto a la penitencia de un solo penitente son: procurar un ambiente de oración que distancie del ir a "decir los pecados", el silencio, el gesto bíblico de imposición de las manos.
- La Palabra de Dios es importante, ilumina la conciencia (examen), anima a la esperanza y a la misericordia, invita a la acción de gracias. Os aconsejo la Parábola del Hijo Pródigo, ¡es magnífica!.
- Mejorar las actitudes y gestos: arrodillarse, sentarse, señal de la cruz, escucha, la mirada, imposición de las manos, inclinarse.
- El modo de Reconciliación A exige incorporar el Ritual; es urgente. Ofrece un modo celebrativo más oracional.
- En la forma B hay que cuidar el tiempo "muerto" durante la confesión y absolución individual: animarlo con salmos, cánticos y silencios, que haya abundancia de confesores. No juntarla a la Misa.
APÉNDICE I. Os propongo algunos documentos que pueden ayudaros para reflexionar, y renovar nuestras comunidades:
BIBLIOGRAFIA
® Mons. Francisco-José (Obispo de Getafe), "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc1,15), Exhortación Pastoral con ocasión de la Cuaresma. 4 de marzo,1992. (Pedidla en el obispado).
® Juan Pablo II, Reconciliatio et Paenitentia. Exhortación apostólica post-sinodal, 2 de diciembre de 1984. Interesantes reflexiones a partir de la parábola del Hijo Pródigo.
® Conferencia Episcopal Española, Dejaos reconciliar con Dios, Instrucción pastoral sobre el sacramento de la penitencia, Madrid, 10-15 de abril de 1989.
® El Catecismo de la Iglesia Católica, nums. 1422-1498
® Conferencia Episcopal Española, Ritual de la Penitencia, 25 de enero de 1975. Leer y reflexionar sobre los prenotandos; la estructura y elementos celebrativos que aporta; orar con alguna de las oraciones propuestas.
APÉNDICE II. Os propongo bosquejo de Rito para reconciliar un solo penitente, Ritual de la Penitencia, nº 83-105
- Gesto de acogida, señal de la cruz, una salutación bíblica como al inicio de la eucaristía, (-La gracia, la paz y la misericordia de Dios esté contigo. -Y con tu espíritu.) Invitación a la confianza;
- un fragmento o breve lectura bíblica referida a la misericordia de Dios y/o a la conversión;
- invitación a confesar los pecados (-Que el Señor te conceda el don de confesar los pecados...);
- escucha y diálogo con el penitente;
- imposición de la penitencia conveniente
- el penitente dice el Yo confieso, o el Padre nuestro, ... de rodillas;
- Formula de absolución lentamente, inclinar la cabeza, preferiblemente con imposición de las manos;
- Despedida, acción de gracias: (-El Señor ha perdonado tus pecados, puedes ir en paz. -Demos gracias a Dios / -Dad gracias al Señor porque es bueno, -porque es eterna su misericordia.).
APÉNDICE III. Os propongo una oración medieval. Cf. MOHLBERG, Liber sacramentorum romanae aeclesiae ordinis anni circuli, n 364.
Dios misericordioso, Dios clemente, que nunca cesa tu perdón sino que abres las puertas de tu misericordia a todo el que llama y que, ni al fin de su vida, abandonas al penitente que a ti acude; mira benigno a tu siervo y concédele la remisión de todos sus pecados, él te lo suplica con toda la sinceridad de su corazón.
Renueva en él, bondadosísimo Padre, todo cuanto fue corrompido por la debilidad humana, o cuanto fue profanado por engaño del demonio, y reintegra a la perfecta unidad del cuerpo de la Iglesia este miembro que fue redimido.
Escucha, Señor, sus gemidos, muévante a compasión sus lágrimas y admite al sacramento de la reconciliación a quien no confía más que en tu misericordia.
P. Luis Fernández de Eribe Zulueta, Delegado de Liturgia.