PASCUA |
LA ORACIÓN DE JESÚS
(Mt26, 37) Llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo; comenzó a sentir tristeza y angustia, (38) y les dijo:
-Siento una tristeza mortal; quedaos aquí y velad conmigo.
(39) Después, avanzando un poco más, cayó rostro en tierra y estuvo orando así:
-Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa de amargura; pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú.
(40) Volvió donde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Entonces dijo a Pedro:
-¿Con que no habéis podido estar en vela conmigo ni siquiera una hora? (41) Velad y orad, para que podáis hacer frente a la prueba; que el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil.
Jesús entrega su vida por todos; es un trago amargo, que le hace experimentar el miedo, "la postración" y la angustia. Es en la oración donde Jesús se dirige al Padre; lo que aparentemente es una persecución humana y una victimización como otras en la historia, es en realidad en el designio de Dios donde Jesús encuentra su confrontación "el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables" (Rm 8,26), son los gemidos de Cristo en la hora de la agonía y en el dar la vida. El último acto de Cristo en su vida mortal, que con solemnidad describe el evangelista, es una oración: "Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu- Y dicho esto, expiró (Lc 23,46). Sin este espacio de oración, en el Espíritu, no se puede comprender la voluntad de Dios como un designio de amor. La oración nos introduce en otra lógica, que es la del amor de Dios; así Jesús lo ha querido mostrar.
Señor, apiádate de mí porque todo el día clamé a tí, no un día sólo. Por todo el día entiende todo el tiempo, sin cesar. Desde el Cuerpo de Cristo gime en las angustias hasta el fin del mundo, en el cual dejarán de existir estas torturas, gime el hombre y clama a Dios; y cada uno de nosotros clama proporcionalmente en todo este Cuerpo. Tú clamaste en tus días, los cuales ya pasaron; te sucede otro y también clama en sus propios días; tú en los tuyos, éste en los suyos, y aquél en los de él. El Cuerpo de Cristo clama en todo tiempo, ya en los miembros que van pasando como en los que vienen sucediendo. Un solo hornbre se extiende hasta el fin del mundo; pues claman los idénticos miembros de Cristo. (San Agustín, Enarraciones sobre los Salmos, 85,5)
Así mismo el misterio pascual sólo puede vivirse desde la oferta de Jesús en la Cruz y desde el don del Espíritu Santo.
Cuando Cristo rezaba en su agonía sintió necesidad de compañía y consuelo. Lo buscó entre sus amigos; los apóstoles se durmieron, mientras Judas trabajaba para entregarlo. Los apótoles son incapaces para la unidad y la solidaridad, serán dispersados. Escuchando la narración evangélica sobre la oración de Jesús, estamos invitados a la plegaria. Puedo acompañar la oración de Cristo en la "noche del sentido y de las víctimas" o el "Viernes Santo de la historia".
Lo que más llama la atención en esta oración de Jesús, es la invitación expresada, por tres veces, para que sus discípulos oren con él, "Velad y orad". Jesús no se encierra en un individualismo oracional, a solas con Dios; su oración tiene un destino colectivo. El capítulo 17 de Juan nos muestra en profundidad este deseo comunional de Cristo, es una oración por la unidad de los suyos desde la Trinidad: "para que el amor con que me amaste pueda estar también en ellos, y yo mismo esté en ellos" (Jn 17,26)
Lo que Jesús hizo con la invitación a unirse a la oración a sus discípulos fue invitar a ratificar una nueva Alianza, fu convocar (qahal) a hacer Iglesia (ekklesia). Esta unión es posible mediante el envío del Espíritu Santo.
(Jn 20,19.22) Aquel mismo domingo, por la tarde, estaban reunidos los discípulos en una casa con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Jesús se presentó en medio de ellos [...] Sopló sobre ellos y les dijo - Recibid el Espíritu Santo.
La oración de Cristo fue escuchada "El mismo Cristo, que en los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas a aquel que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado" (Hbr. 6,7). La Resurrección es la escucha amorosa del Padre a la oración del Hijo, la respuesta de Dios. Hay una lógica dentro de la oración que pertenece sólo a Dios. Dios fue más allá de la súplica humana de Cristo:-Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa de amargura; pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú. Se hizo su voluntad; fue la Resurrección. La Resurrección de Cristo fue la respuesta sorprendente a las dos grandes incógnitas del A.T. y de la humanidad: el sentido del dolor y el destino del hombre.
La oración de Cristo es la única oración escuchada en la historia, todas las demás oraciones pueden asociarse a la suya (Jesucristo Sacerdote).
La Liturgia es "acción" del "Cristo total" (Cat. IC 1136)
Es Cristo resucitado el que llama y convoca y hace posible la interpretación. La oración de Jesús es una gran vigilia llena de luz sobre el mundo de la vida y sobre los hechos que en sí siempre son indescifrables. Es en la oración en Cristo que el hombre ve con la luz de Dios sobre el mundo. La única solidaridad que da sentido, es la de la oración de Cristo.
Con razón, pues, se considera la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. SC 7. Definición de Liturgia.
Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es "sacramento de unidad.
SC 26.
En la comunión en el Espíritu Santo la oración cristiana es oración de la Iglesia (CatIC2672)
Serán aquellos mismos discípulos, dispersos como ovejas sin Pastor, e incapaces de solidarizarse en la oración los que despúes se reunirán "con las puertas cerradas", por temor. Jesús se hace presente a los Apóstoles reunidos en su nombre (Mt 18,20 Cuando dos o tres estén reunidos en mi nombre allí estoy yo). Sin embargo, se puede apreciar que la comunidad pascual refleja el temor ante un mundo hostil; vive la tentación de refugiarse en el cenáculo, en su propio círculo sectario. Jesús le envía el Espíritu de la unidad y la universalidad. Hemos de decir que la Pascua no sólo une la pasión y la resurrección en un mismo acto salvador; sino que su misma pasión mediante el don del Espíritu lleva a los hombres a reconocerse unidos en Iglesia. Desde el punto de vista del Espíritu, la muerte y el resurgir de Cristo pertenecen al conjunto de un solo acontecimiento.