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Beata Ángela Salawa (1881-1922)

Un aplauso a los trabajos del hogar

Ángela Salawa nace a fines del siglo XIX. Fue la undécima de doce hermanos, hija de una familia campesina, piadosa, de escasos recursos económicos, de Siepraw, un pueblo cercano a Cracovia (Polonia). De sus padres aprendió pronto el amor a la oración, al trabajo y al espíritu de sacrificio.

Al cumplir los dieciséis años salió de allí para trabajar en la gran ciudad. Encontrar trabajo no era nada fácil; había entonces miseria, hambre, desempleo y más para una empleada doméstica. Su hermana Teresa —que ya era empleada en otra casa— le sirvió de apoyo, hasta que, dos años después, murió. Era duro estar lejos de casa, siendo aún muy joven, y sentir tan de pronto la soledad. A partir de este suceso, tomó un día la resolución firme de dedicar su vida entera a ser empleada del hogar. Pero no sólo eso. Comenzó a ejercer un apostolado activo entre las sirvientas de la ciudad, de quienes se convirtió, sin proponérselo, en un modelo discreto pero luminoso.

Ángela fue contratada en casa de un matrimonio joven, en un barrio bien conocido de Cracovia, donde fue muy estimada por su laboriosidad. Amo mi trabajo —decía— porque en él encuentro una excelente ocasión de trabajar mucho y de orar mucho; y fuera de esto, no deseo nada más en el mundo . Participaba con fe viva en las celebraciones sagradas, especialmente en la Eucaristía y el Vía crucis. Veneraba a la Madre de Dios con un amor filial. rabajó incansable muchos años hasta que un día, la despidieron injustamente.

Ángela era alegre, dinámica e inteligente. Estaba llena de amabilidad, de buen trato y le gustaba vestirse bien, dentro de sus escasos recursos. Escogió gustosamente dedicarse a los trabajos domésticos: He elegido libremente el trabajo de empleada doméstica en la confianza de que perseverando en esa condición estoy correspondiendo al deseo de Dios . Descubrió el sentido más profundo del trabajo: servir.

En 1911 Ángela sufrió muchísimo. A una dolorosa y larga enfermedad del estómago se unieron la muerte de su madre y también de la señora para quien trabajaba, las dos personas que más quería en el mundo. Además, se vio abandonada por sus compañeras a las que ya no podría reunir en su casa. En todo ello descubrió que su espíritu de humildad y pobreza tenían una gran afinidad con san Francisco, por lo que decidió profesar la vida de la orden secular franciscana en 1912.

Comenzada la Primera Guerra Mundial, en 1914, en los ratos libres que le dejaba su trabajo doméstico, asistía a los heridos en los hospitales de Cracovia. Muchos de ellos —sin que Ángela lo supiera— le llamaban "la señorita santa".

El año 1917 enfermó y se vio obligada a abandonar el trabajo. En una estrechísima habitación alquilada pasó los últimos cinco años de su vida, en medio de sufrimientos continuos, que ofrecía a Dios por la expiación de los pecados del mundo, la conversión de los pecadores, la salvación de las almas y la expansión misionera de la Iglesia.

Cuando se agravó, le llevaron a un hospital donde recibió la atención de un sacerdote. Murió con inmensa serenidad el 12 de marzo de 1922. fue beatificada por Juan Pablo II el 13 de agosto de 1991.

           ¡Mi aplauso —dice Juan Pablo II— se dirige, pues, a todas las mujeres empeñadas en la actividad doméstica...! Yo quisiera exhortaros a trabajar sobre todo con amor en las familias en las que estáis acogidas. Vivimos unos tiempos difíciles y complicados que (...) han traído la confusión a las familias, a las que vosotras podéis proporcionar — con vuestra presencia— serenidad, paz, esperanza, alegría, consuelo y aliento para el bien, especialmente allí donde hay personas ancianas, enfermas, o que sufren, niños minusválidos, jóvenes desviados o equivocados.

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