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Haciendo historia: ordenación de D. Joaquín.

No se cuanto tiempo tuvimos que esperar, al acabar la ceremonia de ordenación, para poder saludar personalmente a nuestro primer obispo auxiliar, don Joaquín María López de Andujar. Debió ser mucho, porque muchos eran los que, en fila casi interminable, esperaban impacientes la ocasión de abrazar al paciente don Joaquín, y mostrarle, de este modo, el cariño y la admiración que se ha ganado en sus diez años de servicio como vicario general de nuestra diócesis de Getafe.

La ceremonia, cuidada y solemne, fue seguida con notable atención y palpable emoción por todos los que ocupábamos cada banco, silla o rincón de la Basílica del Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles.

Nada era fruto del azar o de la improvisación, sino el resultado evidente de saberse la Iglesia del Señor, así como del cuidado y atención que muchos laicos, seminaristas y sacerdotes habían puesto en preparar este importante y hermoso acontecimiento. Y este trabajo no era sino la expresión natural de la confianza, ilusión y alegría de contar con otro hombre de Dios apoyando las labores pastorales de nuestro Obispo. Unidos a don Francisco y don Joaquín, seguros de estar permanentemente guiados por los que Dios ha querido designar para mostrarnos el camino que nos lleve a su presencia, dejamos de ser meros espectadores para convertirnos en testigos de la corta e intensa historia de nuestra joven diócesis, para empezar a ser co-protagonistas de esta “aventura” de Dios en la tierra.

El pasado 27 de abril, comenzamos el nuestra peregrrinación al Castillo de Javier, en Navarra. Salimos, por la tarde, desde nuestros pueblos, 380 peregrinos, entre jóvenes de 15 años en adelante y sacerdotes. Nuestro primer destino: Pamplona. Al llegar allí, nos alojamos en un polideportivo.

Nos levantamos casi de madrugada, y después de desayunar y saludar al Señor con las laudes, el autocar nos llevó a Lumbier, donde comenzamos la marcha rezando el Rosario a la Virgen, para que nos guiara a la meta. Caminamos entre cantos y bromas, reunión por grupos, comida y confesiones, que no dejaron descansar a los 14 sacerdotes que nos acompañaban. El último tramo antes de llegar al Castillo, meditamos la vida de san Francisco Javier, en las estaciones del Via Vitae, y como broche final, la entrada en la Iglesia del Castillo, para celebrar el momento más importante, la Eucaritía. Después de ésta, una buena ducha y la cena para reponer fuerzas para la genial velada.

Al día siguiente, tras visitar el Castillo, partimos hacia Soria, donde nos esperaba nuestro obispo para celebrar con nosotros la Misa. Volvimos a casa con la alegría de habernos encontrado con Cristo vivo y con su Iglesia en nuestra vida.

Israel Esteve

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